domingo, 7 de septiembre de 2008

GZA/The Genius. Pro tools


Sexto disco en estudio de uno de los Mc´s más influyentes en la historia del hip hop. Pro tools salió a la venta hace un par de semanas en Estados Unidos precedido por las confrontaciones verbales entre Gza y el infame 50 Cent e inmediatamente obtuvo, en su mayoría, reseñas y críticas aceptables. Gary Grace a.k.a Gza The Genius, miembro fundador del Wu Tang Clang y uno de los primeros promotores del hip hop (su larga experiencia en solitario data desde 1984), le dedicó a 50 el track "Paper Plate",uno de los mejores temas de la flamante placa y uno de los mejores diss que se hayan grabado recientemente. Como en México resulta poco menos que imposible hacerse con una copia original me permito subir el disco en mediafire. Más adelante le daremos una revisión a la biografía de uno de los mejores exponentes del verdadero hip hop (en mi opinión el mejor y más congruente mc de todo el Wu Tang Clan). P.E.A.C.E


http://http//www.mediafire.com/file/g27xbofm28f/lospoetassonuncáncer.blogspot.GZA_(Genius)-Pro_Tools-2008-.rar

miércoles, 3 de septiembre de 2008

BAD BRAINS 4 LIFE

Bad Brains cambió la manera en que se concebía el punk a principios de los 80s. Ninguna otra banda de la época, a excepción tal vez de Hüsker Dü, alcanzó nunca la mitad de la calidad, furia y velocidad que escupían estos cuatro jóvenes negros provenientes de Washington D.C. Son considerados los padres del hardcore al instaurar un estilo en el que se combinaban los alaridos de HR y los ritmos extremos de Dr. Nowk(guitarra), Darryl Jennifer (bajo) y Paul Hudson (batería) con elementos de la cultura rastafari. Adam Yauch de los Beastie Boys considera a su álbum homónimo de 1980 como el mejor álbum de punk hardcore de la historia y Henry Rollins pensó en ser vocalista cuando HR lo invitó a cantar una rola con ellos, sólo para que se hagan una idea, tios.
A continuación les dejo una jollita: las grabaciones de audio del mítico concierto que dieron en el CBGB en 1982. El DVD Bad Brains live at CBGBs ya circula desde hace un buen rato, aunque no sé que tan fácil resulte conseguirlo, por lo pronto les dejo un video y el disco en cuestión. De nada.





http://http//rapidshare.com/files/142609085/Bad_Brains_-_Live_at_CBGB_1982__The_Audio_Recordings_.rar.html

RURAL CENTRO (Fragmento)

EL GOBIERNO DE HIDALGO CREYÓ QUE SUS GRANADEROS PODRÍAN TRANQUILIZAR LAS COSAS AQUÍ EN VILLA GRANDE. Los periódicos del Centro pensaron que en Hidalgo la vida podría ser carne fresca para un reportaje; por eso me enviaron. Nunca había sentido el calor asfixiante de Hidalgo. En este lugar se concentra lo más vil y lo más ruin del elemento humano. El movimiento de normalistas rurales en paro desde hace ya dos meses se articuló con los trabajadores de las fábricas industriales MEXCOT y LATROF, ubicadas en el que hasta hace poco era considerado uno de los municipios más pobres del país: Villa Grande. Desafiaron a la fuerza pública y la humillaron. Alrededor de 150 personas entre normalistas y trabajadores de las fábricas industriales, tomaron desde el viernes pasado la explanada y el quiosco de Villa Grande. En este momento en todos los noticiarios del país se deben estar transmitiendo imágenes del enfrentamiento entre civiles y granaderos de Hidalgo.

En Hidalgo, específicamente en el municipio de Villa Grande, las huelgas laborales hace mucho que dejaron de ser noticia. En cambio, al interior de la república, las revueltas de los obreros de Hidalgo parecen ser la única noticia candente a últimas fechas. Si pasas el tiempo suficiente en Villa Grande entenderás fácilmente porque a los pobladores de este lugar poco o ya nada les importa las huelgas, a menos que seas normalista u obrero de MEXCOT e incluso aunque no lo seas, la horrible realidad de este lugar te transformara lo suficiente como para que ya nada te importe.

La mayor industria en éste poblado no es, como se piensa en el D.F, la industria química o industrial, sino el tráfico de influencias, el lavado de dinero y las redes de prostitución. Casi no hay narcotraficantes, la droga se vende poco en este lugar, pocos jóvenes. En su lugar lo que existe son lugares destinados a la prostitución de lujo. Políticos, capos, altos mandos de la policía local y gente con el suficiente dinero viene de otros lugares a conseguir putas de lujo, la mayoría extranjeras. Aunado a esto, el folklor local se encuentra rodeado por un halo siniestro. En los vertederos y en las cantinas de Villa Grande se cuentan rumores, se oyen voces de gente que ve cadáveres caminando por los callejones y las calles. Bebes sin brazos, brujas desnudas, mujeres sin piernas, arrastrándose por la calles buscando el tiradero municipal.

Esta mañana se encontró el cuerpo desnudo de Margarita Aldama en su casa del centro. La victima se encontró atada de pies y manos, presentaba señales inequívocas de violencia física en el rostro y el cuerpo. Margarita Aldama tenía 34 años y era la propietaria de La suerte, un local clandestino que operaba como putero al norte de Villa Grande. La suerte, requería constantemente de jovencitas de escasos recursos que optaban por el oficio de puta para ayudarse a sobrevivir. Entre estas jóvenes se encontraba Marina Estrada, de 18 años cumplidos y que desde hace dos semanas se encuentra desaparecida. El día que desapareció salió de su departamento en la avenida 10 de marzo al norte de Villa Grande, se dirigía a La Suerte a empezar la jornada laboral pero nunca llego. Dos días antes la entreviste como material documental para un reportaje sobre tráfico de personas. Ella era natural de Venezuela y ejercía el oficio de puta por necesidad y por ser bien remunerado. A veces un político renombrado de Villa Grande, a través de Margarita Aldama que era la intermediaria, solicitaba sus servicios para fiestas privadas en la que asistirían varios invitados de negocios. Marina asistía a estas fiestas y brindaba sus servicios y aseguro que nunca se le obligó a hacer nada que no quisiera, sin embargo, me confesó, ella había presenciado escenas en las que obligaban a otras muchachas a tener relaciones sexuales en su contra. En una de estas fiestas, me dijo, cuando termino de follar con dos diputados de Sonora que eran amigos del político de Villa Grande, tomó sus cosas y una vez pagada se disponía a abandonar el lugar cuando escuchó que desde una habitación oscura se alzaban gritos, un tipo le gritaba puta a alguien, se escucharon golpes y llantos. Marina sintió miedo y abandonó aquel lugar lo más rápido que pudo. Cuando subió al sedan que el político había destinado para llevarla de regreso a La Suerte, le pareció escuchar dos disparos. Nunca más volvió a asistir a las fiestas que organizaba el político.

Todo lo que sé es que para esta hora ya debe estar muerta.


REGRESÉ A VILLA GRANDE PARA CASTIGAR A GERARDO SALVATIERRA. Por eso volví. Para poner las cosas en su lugar. Él pensó que poco importaría que él fuera el asesino de mi padre y que mi madre llorara hasta el amanecer la noche que le di la noticia. Mi madre ahora también esta muerta, Gerardo Salvatierra no jaló el gatillo esta vez, pero de una u otra manera él también la mató, y no una sino dos veces. La primera vez la mató sin decirle nada, sin tocarla siquiera: la mató con su ausencia. La segunda vez la mató en el mismo momento en que asesinó a mi padre, diez años después de haberla dejado sola en Villa Grande, el día que regresó del norte y la encontró casada y con un hijo de Ignacio Lozano.

De esto hace ya años, veinticinco al menos, pero no hubo noche alguna en que mi madre no llorara desde entonces. La noche que le anuncié mis planes de unirme a la arquidiócesis, incluso aquella noche que dejamos para siempre Villa Grande, ella lloraba, sólo lloraba, sin mediar palabra alguna entre su llanto y su figura. Lloraba tanto que llegue a pensar que ella era toda lágrimas en lugar de sangre. La única noche que no lloró fue la noche en que se le escurrió la vida entre mis brazos.


DANIEL MEDINA FUE EL QUE DIO LA PRIMERA SEÑAL DE ALERTA. Puede que antes Angélica Fuentes en una de sus monumentales borracheras hubiera lanzado al aire aquel infundio, pero en el tiempo en que Angélica empezó a difundir el rumor llevaría por lo menos 15 años de un severo alcoholismo que la desacreditaba incluso ante los ojos del menos respetable en Villa Grande. El problema con el alcohol de Angélica databa de aquel momento en que su esposo, Ricardo Tapia, reconoció que su condición de empleado en la tienda de Lautaro Rentana no podría darle ni siquiera la mitad de los dividendos necesarios para sustentar y alimentar a una familia. Él tenia 22 años, ella 18 y estaba embarazada de tres meses. Todo esto sucedía varios años antes de que la primera fábrica industrial, la primera MEXCOT que producía refrescos y bebidas naturales, se instalara en Villa Grande, muchas hectáreas de riego ya se habían expropiado a lo largo del municipio, eso sí, pero hasta ese momento ninguna fábrica se había instalado. Ante la inminente llegada de un nuevo miembro a la recién formada familia Tapia, Ricardo, enfrentando la imposibilidad de lograr conseguir otro empleo de medio tiempo, decidió que la única solución posible para el desastre en el que él y Angélica se encontraban consistía en dejar el país y trabajar en el extranjero. Así se lo hizo saber a su esposa una noche de marzo. Angélica no le recriminó ni expreso ningún tipo de opinión al respecto, se limitó a servirle de cenar, lavar los platos y llorar en silencio, entre sollozos que a Ricardo le pareció que no podían provenir de su esposa sino de un punto no específico de la humilde habitación que rentaban al oeste de Villa Grande. Esa noche hicieron el amor por última vez. Mientras la montaba, a Ricardo le pasaron por la mente un montón de pensamientos que él hubiera preferido no tener en ese momento. Pensó, por ejemplo, que las estrellas que se veían en el cielo de Villa Grande no eran estrellas normales. No es que hubiera viajado mucho, ni siquiera lo suficiente, como para formarse una idea clara de cómo es que se deben ver las estrellas normales en un cielo despejado, sin embargo, las estrellas de Villa Grande en ese momento le parecieron mucho más grandes y mucho más hermosas que las que había visto en cualquier otro lugar. Que raro, pensó, llevo toda mi pinche vida viviendo en Villa Grande, viendo las estrellas en los atardeceres, en las madrugadas y en los amaneceres y es hora que apenas me vengo enterando de que esas putas estrellas no son normales. Y entonces trato de reírse, o mejor dicho de dibujar una sonrisa en su rostro pero inmediatamente se dio cuenta de que Angélica seguía llorando en silencio. Él la embistió entonces con más fuerza, como si quisiera hacerle daño. Pensó en su madre, quiso saber qué es lo que ella había pensado de aquellas estrellas hijas de puta. Cuando se corrió en el interior de Angélica se dio cuenta de que él también estaba llorando, se tendió al lado del cuerpo de su mujer y la abrazó en silencio. Al día siguiente visitó a Hortensio Salvatierra, el pollero de Villa Grande y tres días después dejó el pueblo.

Al principio Angélica pensó, o al menos quiso pensar, que las cosas irían bien. Ricardo tardaría al menos 15 días en llegar a Tijuana, una vez allí tardaría otros 3 en cruzar el Río Bravo y una vez estando en suelo Norteamericano sería cuestión de un día, dos máximo, en llegar a California, llegado a este punto las cosas serían más que fáciles: conseguiría rápidamente uno o dos empleos como mozo en algún restaurante y procedería a saldar la deuda que había adquirido con Hortensio Salvatierra quien, amigo desde la infancia de Tapia, había aceptado pasarlo sin ningún tipo de adelanto (cosa que por supuesto no habría siquiera considerado como remotamente posible con algún otro cliente) y esperar a que Ricardo se estableciera en California para obtener su pago. Él le prometió a Angélica que le hablaría en cuanto hubiera cruzado la frontera. Pasaron 15 días, un mes, dos meses, y Ricardo jamás le hablo.

Pasaron tres meses y no hubo noticias ni de Ricardo Tapia ni de Hortensio Salvatierra ni de los otros tres fuereños que habían partido de Villa Grande rumbo al norte. En ese momento Angélica supo que Ricardo no iba volver, tal vez se había ahogado tratando de cruzar el Río Bravo junto con Salvatierra y los fuereños, posiblemente habían entrado a algún bar en Tijuana antes de cruzar la frontera y en una riña de borrachos unos narcos los habían acribillado, quizás simplemente se había detenido en algún estado antes de la frontera y se quedo a vivir ahí y se olvido de ella. Estas y mil ideas más le cruzaban por la cabeza, lo único que sabía, que daba por seguro, es que Ricardo no iba a volver. Pensó en esto una mañana en que estaba barriendo los amplios corredores de la Barranca, la Hacienda del jefe de la policía municipal de Villa Grande, Gerardo Salvatierra, el único lugar en el que por lastima le habían dado trabajo; tenía ya 6 meses de embarazo, el bebe pateaba mucho, afuera todavía no aclarecía del todo, eran las 5 de la mañana y a través de un gran ventanal podía ver las estrellas en el cielo de Villa Grande: demasiado grandes, demasiado hermosas. Angélica miró aquellas estrellas y se le partió el corazón.

Dos meses después, en diciembre de aquel año, las labores de parto la sorprendieron mientras trabajaba en la Barranca. La comadrona a la que veía, Amanda Buendía, le había prohibido ir a trabajar o realizar grandes esfuerzos un mes atrás, sin embargo, Angélica no podía darse el lujo de no trabajar, no tenia familiares en Villa Grande, ella y Ricardo habían abandonado su pueblo natal en Guerrero cuando decidieron juntarse definitivamente hacía un año. De manera que sin esposo y sin familia a quien acudir en su delicado estado tuvo que arreglárselas para seguir trabajando. Ese día llego a la Barranca a eso de las 5 de la mañana, barrio la calle y el patio y cuando se encontraba barriendo el potrero la sorprendieron los dolores. A esa hora no había nadie en la Barranca, el jefe Salvatierra y su hija Jimena de 7 años dormían al otro lado de la Hacienda, los demás trabajadores llegaban hasta las siete de la mañana, cruzó el patio sangrando, caminó por el pasillo que daba a la cocina y cuando cruzaba por el comedor perdió el conocimiento.

La encontraron en medio de un charco de sangre a las ocho y media aproximadamente. La señora que trabajaba en la cocina le gritó al capataz, José San Pedro, un tipo bajito de buenos modales que siempre ayudada en la cocina cuando estaba aburrido y las labores en la Hacienda no eran muchos, San Pedro y la señora de la cocina la levantaron y la llevaron al hospital más cercano. Para cuando los doctores del hospital general Sepúlveda, ubicado a las afueras de Villa Grande, la atendieron Angélica había perdido al bebe.

Después de este evento su vida, recordaría más tarde, se redujo a una sucesión de pequeñas desgracias, una tras otra. Ella perdió el trabajo en la Barranca, no tenía dinero para la renta y a duras penas le alcanzaba para comer. No se sabe exactamente en que momento abrazó la bebida, puede que haya sido un día en que fue a la cantina de Román Valenzuela, la Coronita, puede que sólo hubiera ido a pedir una limosna a los parroquianos y uno de ellos, ya encandilado y en busca de algo de diversión, le hubiera invitado un trago. Ella se lo aceptó y después de acabárselo le pidió otro, luego otro y luego otro más, probablemente llegado a un punto álgido de la noche, el parroquiano, que muy probablemente no residía en Villa Grande y sólo fuera ahí de visita o en busca de putas y diversión, se la llevo a su cuarto o a su pensión o a donde fuera que pernoctara a esa hora y la follo mientras ella estaba inconsciente. Cómo se hayan desarrollado los hechos poco importa ahora, ella le agarró gusto a la bebida y ya no la dejó. No mucho tiempo después la echaron del cuartucho que rentaba y se dedicó a vagar por las cantinas de Villa Grande. De vez en cuando encontraba a algún parroquiano generoso que le pagaba sus tragos durante toda la noche y se iba con él y entonces follaban en un cuartucho miserable, ella hubiera querido poder llorar mientras un tipo que no conocía la estaba follando, llorar como la última vez que hizo el amor con Ricardo, pero por más que lo intentara el llanto siempre le rehuía.

De cualquier manera, un lunes 1 de abril, y de esto la propia Angélica cada vez que el mescal Caborca la envalentona y le suelta la lengua lo enfatiza sobremanera, como si en esto se le fuera la vida, los vio por primera vez. Habían pasado ya muchos años de que Ricardo partiera del pueblo, en Villa Grande se habían instalado ya muchas fábricas y cada vez que uno cruzaba por la avenida 10 de marzo, la avenida principal, en dirección al norte y al oeste se podía observar las grandes naves industriales, humeando y haciendo ruidos que se adentraban en la noche. Angélica, después de su habitual tanda de mescales en la Coronita, salió tambaleándose y caminó en dirección al norte, la intención era cruzar la calle Lisandro Mesa y una vez en el cruce con la avenida 10 de marzo enfilar todavía más al norte hasta llegar al basurero general de Villa Grande, casi en los limites del municipio, y pasar la noche entre desperdicios y algunos desamparados que radicaban en el basurero. Caminó, pues, toda la calle Lisandro Mesa, no era muy tarde, serían un poco más de las 12 y media, sin embargo, la calle se encontraba desierta. Angélica sólo podía escuchar el ruido sordo y lejano de las fábricas y el ladrar de los perros. Desesperados, se dijo, esos pinches perros ladran desesperados. Cuando ya iba a la mitad de la avenida 10 de marzo sintió algo, un algo que no podía explicar racionalmente, una mescla entre desespero y pánico repentino. Apretó el paso y justo cuando dejaba atrás las instalaciones de la fabrica MEXCOT, sintió la necesidad de voltear y mirar el camino. Al principio se sintió aliviada, pensó reconocer a lo lejos a varias personas caminando por la avenida, serían quince o veinte, ella siguió su camino y al cabo de unos minutos pensó que era chistoso que una procesión religiosa caminara a esas horas por la avenida 10 de marzo, mucho más chistoso el que lo hicieran en dirección norte, rumbo al basurero de Villa Grande, porque la única parroquia del municipio se encontraba al sur, casi en el otro extremo. Volteó una vez más y esta vez esperó a que las personas se acercaran, se quedo en medio de la avenida para poder verlos mejor, las personas seguían caminando lentamente, ahora le parecieron muchos más que antes, ella seguía mirándolos y pensó que los que venían en frente se veían cansados, tenían las ropas viejas y desgastadas y conforme se acercaban podía distinguir que algunos de ellos parecían traslucidos, opacos. Cuando estuvieron como a 50 metros de distancia se dio cuenta de que cada vez se veían más transparentes, muchos estaban sangrando, había niños y viejos y hombres y mujeres no tan viejos y todos avanzaban hacia ella con una calma desesperante, vio a una niña que caminaba con los ojos al frente, inexpresiva, y vio que le faltaba un brazo. A un lado un viejo avanzaba llorando y una gran mancha roja le cubría la camisa a la altura del tórax, vio a bebes arrastrándose con medio cuerpo, de la cintura hacia abajo desecho. Debió moverse, debió correr y salir gritando, pero no lo hizo, estaba mas sorprendida que atemorizada, se quedo ahí en medio de la avenida y cuando esas personas estuvieron a dos pasos de ella sintió un mareo. La encontraron al día siguiente en medio de la calle entre vomito y orines. Desde entonces cada vez que entraba a una cantina, después de un par de tragos, contaba a todo el mundo en voz alta su historia y nadie le creía o la ignoraban y le regalaban un trago para que se callara.

Algunos años después, Daniel Medida, trabajador de la fábrica química LATROF de México, se dirigió un día mucho más temprano de lo habitual a su turno de doce horas. Había pasado la noche anterior bebiendo con unos amigos en una cantina y cuando se dio cuenta ya eran las 4 y media de la madrugada, él entraba a las 6, de manera que pensó en caminar por la avenida 10 de marzo y esperar una hora afuera de la fabrica a que la abrieran. Así lo hizo, sin embargo, nunca llego a trabajar. En vez de eso regresó a la cantina a eso de las 6 de la mañana y pidió un tequila doble. Ora tú, Daniel, no que ya te ibas a trabajar, güey, le recrimino en juego el joven que atendía la barra. Medina no dijo nada y pidió otro tequila doble, se lo tomó en silencio y cuando hubo acabado alzó la vista y le dijo al de la barra: Esa puta vieja borracha de Angélica Fuentes tenía razón.

martes, 2 de septiembre de 2008

PERDIDOS EN EL ESPACIO

Chihuahua, 1998

Cualquier noche, en algún lugar de Chihuahua, una mujer joven y un conductor anciano.

-Sí, bueno, tal vez puedas sacar conejos del culo por tres pesos pero eso no prueba nada. Quiero decir, ¿cuándo fue la última vez que alguien te pagó por realizar un truco de magia? ¿cuándo fue la última vez que le robaste una sonrisa auténtica a tus nietos?

-El 24 de Septiembre de 1993. Cuando Nora cumplió 10.

-No te ofendas viejo, pero eso no es precisamente algo de que enorgullecerse. ¿Cuánto ha pasado? ¿cinco años? ¿Qué has hecho desde entonces, conducir un taxi y acosar a los pasajeros con la historia de tus glorias pasadas?

-Para ser sincero abandone el D.F hace 3 años, recorrí unos cuantos millones de kilómetros en dirección norte bebiendo todo lo que encontré a mi paso y finalmente, hace tres meses, desperté en un hospital del estado. Dijeron que no podía volver a beber si mi intención era vivir un par de años más, así que me instale aquí en Chihuahua y al cabo de unas semanas conseguí este empleo; los cuentos de magia son un agregado. Es una historia extravagante, ¿no le parece? Supongo que la crisis de los 50 me afecto más que a otros.

-Ciertamente suena a un episodio de la Dimensión desconocida... o a un jodido relato de John Cheever… Descuide he escuchado historias más desconcertantes… Supongo que la vida es un recorrido extraño…

Un noticiario se escucha en la radio del taxi.

…Esta mañana se encontró el cuerpo de un hombre de aproximadamente 20 años en un callejón de la colonia Anáhuac. Al cuerpo le habían cercenado los brazos y le habían arrancado la piel del rostro. Los reportes de niños destazados metidos en los botes de basura de la ciudad siguen aumentando, las autoridades locales se han negado a brindar información a los medios de…

-… Siento mucho haber sido tan criticona hace un momento, es sólo que… Dios, llevo apenas 20 minutos en esta puta ciudad y me estoy volviendo completamente loca.

-Dele tiempo al tiempo, tarde o temprano Dios pone todo en su lugar…

-¡Oh, por favor!, tengo suficientes problemas como para hacer de mi vida una mierda, lo último que necesito es un sermón religioso… Esta ciudad, este país hace cosas con la mente… ¿cómo puede siquiera pensar en Dios en un lugar como este? ¿No hay suficiente horror en el aire?

-El suficiente como para creer que debe haber un lugar mejor que este.

-Dígale eso a los familiares y a los amigos de las victimas de los crímenes.

-Todos tendrán lo que se merecen, al final. Dios actúa en formas misteriosas.

-Vaya puto consuelo. Decía Freud que ante la oposición de la cosmovisión religiosa y la cosmovisión científica de la realidad se podría optar por una tercera cosmovisión, la del psicoanálisis. En orden estricto el psicoanálisis forma parte de la ciencia, sin embargo, a diferencia de ésta, no se atiene a la verdad o lo necesariamente comprobable, no desautoriza las ilusiones. Una suerte de punto medio entre las fantasías benévolas de la religión y los horrores producidos por la ciencia.

-Un bonito escenario para la desesperanza ¿no es así?

-Puede que yo lo haya entendido todo al revés.

-Es algo que siempre pasa.

-Pare un momento, necesito usar el teléfono.

El automóvil se detiene a un lado de la carretera en una caseta telefónica.

-Camila…siento tanto que todo esto haya pasado… ¿Qué se suponía que debía hacer, esperar sentada a que todo se fuera al diablo?...no, yo… Porque… porque es lo correcto… yo no estoy haciendo esto, lo estamos haciendo juntas... No hagas esto Camila…Lo sé, lo sé… es sólo que… estoy cansada de correr y de esconderme… maldita sea, ¡no te atrevas maldita perra!, no te atrevas a actuar como si toda esta basura fuera mi culpa… (La mujer está llorando) tengo que irme… te amo.

De vuelta en el taxi, la mujer trata de evitar el llanto. No hay más que sombras en el interior del auto y en la carretera. Un largo silencio.

-¿Usted recuerda aquella serie de televisión, Perdidos en el espacio? ¿El doctor Smith? Probablemente es usted muy joven para recordarla, hace no mucho tiempo tuve un sueño extraño. Yo era el doctor Smith, nuestra nave había varado en un planeta desconocido, la atmosfera era densa pero respirable. Al principio nos pareció que el planeta estaba deshabitado, pero muy pronto nos dimos cuenta que no era así. La mitad de mi tripulación, es decir, Maureen, Don y el pequeño Will, murió en un viaje de reconocimiento en manos de nativos rabiosos. El resto de la tripulación nos atrincheramos en la nave pero nos fue imposible hacerla funcionar. Los días pasaban y nuestras reservas de comestibles se agotaban, cada día la nave cedía un poco más ante los embates de los salvajes. Mi tripulación se volvió inestable, demasiado irritable para relacionarse unos con otros. Yo me hacinaba en la cabina de navegación y trataba de estudiar a los salvajes. Llegue a la conclusión de que no eran ni nativos ni salvajes, al menos no en un principio. Sus ropas, lo que quedaba de ellas, eran remiendos de uniformes de colonias espaciales, eran tripulantes que habían varado en este lugar inhóspito, ¿cuánto tiempo habían permanecido allí? El suficiente para perder la razón, pensé. Estaban solos y confusos y tenían miedo, no se mataban unos a otros (tal vez lo hacían antes de nuestra llegada) sólo porque ahora éramos el centro de su paranoia, el foco de su esquizofrenia. La puerta de la cabina se abrió y John Robinson entró. Se había comido a Judy y a Penny e incluso a B-9 y el que seguía en el menú era yo. Parece que ya no estamos perdidos, doctor, me decía mientras devoraba el brazo de Penny. Y entonces desperté…
…Que le den por el culo a Freud y al psicoanálisis, señorita. Freud no vivió en México en la época de Miguel Alemán.

La mujer finalmente sonríe

-O en la de Zedillo… “Tantos siglos, tantos grandes pensadores se han formulado las mismas preguntas, las grandes cuestiones de la vida, y han resultado igual de perdidos y confusos que todos nosotros.” Es de Woody Allen, lo dice en una película.

-¿Woody Allen?, no lo conozco… pero me gusta como suena eso…
…Y a todo esto ¿Qué la trae a Chihuahua?

-Yo… estoy perdida.